Aquí estoy
El tragaluz revela secretos del viento
que poco discreto empuja la copa del árbol
a gritar socorro.
Tú lo ves con asombro
te maravillas.
Es tarde de juegos. Soy el bebé
tú, madre dedicada y delicada
soportas mi cabeza en tus piernas
y la abarcas con todo tu ser
mi extremidad pensante, es casi todo tu tronco.
“¿Te da miedo el viento bebé? - no cadsa nada”.
Susurras a mi oído y fijas tus ojos en los míos.
Caricias y ternura desbordan tus ademanes
me siento a salvo.
Tu proyección lúdica es fascinante
tu ternura y cuidado es muy sincero
se siente genuino, lindo
un privilegio.
“¿Tienes miedo? - no cadsa nada - aquí estoy” repites
abrazas fuerte mi cara contra tu pecho.
Sostienes inconscientemente y con tremendo cariño
al padre vulnerable, estresado, primerizo.
Aquí estoy: frase con raíces largas
edificación de la disposición, la presencia
la resistencia y pundonor.
El estoicismo en palabras.
Aquí estoy, como la roca:
acariciada por el océano terso
o azotada por marea en luna llena.
Enraizada y repetida, la frase otorgada
regresa a mí con otro significado;
como tu voz en eco, magnificada
gruesa, imponente, cubriendo el lugar.
Me habla la frase y me dice en tu voz
el eco de la mía:
Aquí estoy
para ti, por ti
desde mí, para mí.
Aquí estoy, en convicción y miedo
en determinación y responsabilidad
en la afirmación de querer y sostener.
Aquí estoy para ti; por mi amor, por tu amor
por querer prolongar el gozo insospechado
incómodo y delicioso
de esta dichosa comunión.
Andrés Mesa Z.